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Nos encontramos con un disco ante el cual no es probable que quede indiferente la masa española. Tercer trabajo de Rivendel Lords y obra de renovación para la banda: nuevo vocalista, nuevo guitarra y nuevo batería. Un cambio que desde luego no ha entorpecido lo más mínimo el buen curso del disco. De escucha agradable y ligera, "Laberinto de sueños" constituye un trabajo de una calidad compositiva, musicalmente hablando, muy alta. Los sistemas armónicos y esquemas de las canciones tienen tendencias complejas, pero siempre cercanas. Sin embargo no faltan afinaciones inesperadas, hechas para producir tensión y progresiones hacia notas más espléndidas. Se trata de un disco muy épico, muy en la línea del Heavy español actual. Los coros en los estribillos, los arreglos clásicos (incluso con tendencias a lo juglaresco) con violines y demás, las guitarras melódicas y el bajo amablemente discreto, hacen del trabajo un divertimento interesante, con tintes dramáticos e incluso experimentales, en algunas canciones o en algunos tonos usados (Utopía Inerte). La nueva voz descubierta (Aitor), es un claro aprendiz de la Escuela Leo (Saratoga), con un registro buenísimo y un alcance de agudos casi tan potente como el preceptor. Su punto bajo radica en lo que fallan casi todos los poseedores de este tipo de voz: en ocasiones, es una garganta tan limpia que ni siquiera parece una garganta. Resulta, digamos, un poco artificial al alcanzar determinados tonos. La batería no se conforma con aportar ritmos clásicos, ni siquiera con el doble bombo de por medio (son de sobra conocidos los ritmos obvios y simples que se valen de artilugios de percusión como el doble bombo para aparentar complejidad, aunque sigan siendo los mismos ritmos obvios y simples): aprovecha a la perfección, aunque sin explayarse, los recursos del instrumento. Es un batería que hace exactamente lo que este tipo de grupo necesita a las baquetas. Líricamente, no se podía esperar un contenido de calibre 90. Es decir, al ser un grupo profundamente apoyado en la música, las letras no son más que un medio para transmitir las notas. Obviamente, se mantiene dentro del ortodoxo campo lírico del género. La fuerza de las palabras es lo importante, y por todas partes están los términos "imprescindibles". Sin embargo, hay un cierto dramatismo en cada verso, que hace que no resulten tan típicos. Destacan Hilos de Cristal, canción de recreo para la voz y de un atrevimiento curioso para una balada, Sueño Eterno, y Laberinto de Sueños, de música muy ochentera y lírica totalmente épica. Un álbum pegadizo y recomendable, cuyo principal compositor (Juan García) no debería quedar en la sombra para la escena del Metal español, y que ha de ganarse el respeto entre el mercado, el público, y desde luego, los músicos actuales. por Marina S. Ovando |