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Si hay un tipo ocurrente en el estado, ese es sin duda Miguel Ángel Rodríguez,
más conocido por estos lares como El Sevilla, un peculiar personaje cuyas
paranoias mentales llegan a tal extremo que hasta en radio y televisión es
habitual verle haciendo de las suyas. El mayor problema es cuando se junta con
otros cuatro descerebrados que responden como Zippy, El Puto, Chicho y Vidalito,
y se empeñan en dar solidez musical a las elucubraciones de El Sevilla. De esa
forma han logrado grabar ya su quinto disco y, si explosiones o mafias
televisivas no lo impiden (véase La Gran Mentira del Rocanrol), seguirán
divirtiendo a medio país a base de rocanrol accesible y humorísticos textos
adornados por la personal interpretación de Rodríguez. Ingeniosos y
provocadores, continúan su línea habitual de temas vacilones con estribillos
pegadizos y festivos, apto para el gran público, con guiños guitarreros hacia
los clásicos del rock duro (La Copita evoca en sus acordes el viejo The Jack,
de los AC/DC). Temas como Mi Jefe, Me Voy a la Playa, Mi Novia o Señora
configuran los exponentes más destacados de un trabajo donde hay cabida al
recuerdo, Tributo a los Locomia, a la revisión de éxitos actuales, Esta si que
es la Canción más Bonita, a la aproximación hacia otros géneros musicales,
El Rap de Nunca Acabar (con sus cuatro partes), y a las habituales historias
playeras, Las Avispas o Soy un Petardo, invitando incluso a la autorreflexión,
Soy Gilipollas. Una obra que, si de por si no tuviera ya suficientes alicientes
para el cachondeo general, se culmina con La Gran Mentira del Rocanrol, una película
de sesenta minutos donde videoclips y actuaciones se intercalan entre una
historia que no podría salir de otra mente tan retorcida como la del propio
Sevilla, y en la que los propios músicos se convierten en protagonistas de un
particular film dirigido por Tono Errando. por j-kaos |