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Antes de meterme con la crítica del disco
propiamente dicha, me gustaría hacer un par de aclaraciones. La primera es la
inoportunidad de este recopilatorio, que apesta a obligación contractual por
los cuatro costados. No se explica de otra forma que los Mojinos publiquen a
estas alturas (con ocho años, seis discos y hasta una película a sus espaldas)
un “grandes éxitos” que tan sólo recoge temas de sus dos primeros álbumes,
sin aportar absolutamente nada nuevo. Esto tiene toda la pinta de ser el típico
CD que se edita por un compromiso adquirido con una antigua discográfica y que
hay que liquidar de cualquier forma. Lo más habitual suele ser publicar un
directo, una colección de temas inéditos o remezclas, o sí, un recopilatorio,
pero no de esta forma tan cutre. La segunda aclaración que quiero hacer es que
a mí (como a muchísima más gente) los Mojinos Escozíos me parecen más una
chirigota que un grupo de rock, con todo lo malo y lo bueno que eso significa.
La gracia del grupo (si es que tiene alguna) radica básicamente en sus letras y
en la personalidad de Miguel Ángel “El Sevilla” Rodríguez, un tipo que
provoca tantas carcajadas como ganas de lincharlo. No dudo de la capacidad como
músicos del resto de la banda (que, por cierto, es más que aceptable), pero
está claro que lo fundamental en los temas de este grupo son sus letras y que
la música, más rockera o más vacilona dependiendo de la canción, es tan sólo
un vehículo para éstas y para el lucimiento de este peculiar personaje. Centrándonos
ya precisamente en las canciones, hay que decir que a la mayoría no hay ni por
dónde cogerlas. Con la salvedad de “El tatuaje”, que sorprende con unos
buenos solos de guitarra y de flauta, el guitarreo a lo AC/DC de “Sexo, furbo
y rocanró” y la machacona base rockera de “Mi marío”, el resto es un
todo un compendio de sal gorda, grosería, machismo y zafiedad de proporciones
descomunales. Empezando por la portada, de la que me niego a hacer ningún
comentario, cada tema resulta ser más garrulo, palurdo y soez que el anterior,
pero menos que el siguiente. “Chow chow” y “La canción del verano” son
tan conocidas como malas, mientras que cortes como “Manolo”, “Tus ojos
verde” o “Te voy a comé tor buyuyu” son el equivalente musical de las películas
de Mariano Ozores: tan graciosas como un aviso de desahucio y tan sutiles como
una motosierra. Claro, que si “Jerónima” es su idea de una canción de
amor, ya te puedes imaginar el resto... Lo cierto es que ni sus incondicionales
(que sé que los tienen) ni los demás van a encontrar ninguna novedad en un
disco que sigo sin saber muy bien ni a qué viene ni a quién va dirigido.
Misterios de la industria discográfica.
por Raúl Ranz |