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Surgidos en la valenciana
localidad de Puerto Sagunto, hace ya diez años, Mandrake Root había limitado
hasta el momento su andadura musical dentro de su área comarcal, dónde en el
año 2.000, tras la edición un año antes de su primer larga duración,
totalmente autoproducido, Prime Jive, resultan vencedores del concurso Morvedre
Rock. Tras numerosos cambios de formación, idas y venidas, la banda acaba de
registrar su segundo trabajo, de nuevo autoproducido, con la intención de
traspasar la barrera geográfica que hasta el momento les rodeaba y dar el salto
a todo el territorio estatal. Sus argumentos pueden resultar cuando menos
sorprendentes, dado el eclecticismo y la constante búsqueda de ideas
innovadoras que acaparan nuestro rock en la actualidad. Ellos basan su apuesta
en un hard rock al más puro estilo, con los grandes clásicos de siempre
revoloteando en nuestro cerebro desde que la intro da paso a los primeros
acordes de Fuckin’ Up the Neighbourhood y uno se pregunta si el espíritu de
Bon Scott sigue influenciando a otro grupo más. Pero su estribillo pronto nos
hace cambiar de idea para trasladarnos al glam-rock que arrasó el planeta en la
segunda mitad de los ochenta y convertir el corte en uno de los más llamativos
del álbum. Sin el gancho de la anterior, Nasty Lady mantiene los mismos
esquemas para dar paso al tema que da nombre al disco, acelerando los tiempos,
dando forma a un rocanrol setentero bastante destacado. Los teclados de Sergio
Biosca empiezan a cobrar protagonismo para anunciar Lovers in May, la
imprescindible balada en todo disco de hard rock que se precie, evocadora de la
corriente hippy-rockera de finales de los sesenta, también presente en Flyin’,
dónde las voces de Pembo cada vez más nos hacen recordar al magnífico Robert
Plant, y dónde la calidad instrumental de toda la formación queda de nuevo
patente. El rocanrol más clásico se cobra presencia en You Turn Me On, con los
duelos teclado-guitarra y los coros pegadizos haciendo presencia, además de su
final fiestero, dando paso a la versión del The Looser in the End de Queen,
otra referencia esencial en los levantinos, dotándola de un toque psicodélico
que les aproxima más a Led Zeppelin. El cierre final, Can Take My Hand, podría
ser el de cualquier actuación, un corte que de nuevo nos traslada al Woodstock
del 69, un himno final que parece rememorar las consignas de paz, amor y
libertad como fin de fiesta de un trabajo sin duda recomendable para
nostálgicos y amantes de las décadas primigenias del rock. por j-kaos |