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Los Delinqüentes, entrañable banda jerezana, vuelve en formato de dúo tras la desaparición del que fuera su cantante y, ahora ya sí ya de todas todas, como integrantes de lo que de un tiempo a esta parte se ha venido en llamar la “Operación Rollito” o, lo que es lo mismo, la extraña barahúnda de musicastros de sucio aspecto que, pasado el sarampión bisbálico, hace las delicias de los más enrollaos de los incultos adolescentes patrios. La frescura y la guasa del anterior disco, “El Sentimiento Garrapatero Que Nos Traen Las Flores”, y el gracejo andaluz presente en todas y cada una de las letras se diluyen aquí en canciones las más de las veces tontorronas, las menos entretenidas y en contados casos divertidas. No sé si será que el desaparecido cantante firmaba los textos, pero la sorpresa agradable que fue el anterior disco se torna en este siguiente en aburrimiento y sensación de estar escuchando un cuento ya contado, donde la brillantez chirigotera se torna en tontería infantilona como ejemplifican temas como “El Abuelo Frederick”, confusa historia sobre un anciano que regala estupefacientes, “Ya Nadie Te Quiere”, bobalicona crítica a los famosetes que viven del cuento, o “Trabubulandia”, infame experimento donde el cantante asegura ver después de ingerir sustancias psicotrópicas a unos personajes similares a los infaustos Diminutos, aquella especie de medio ratones que tanto asco daban. En suma, el disco es poco más que una tontería bien tocada, porque oficio como músicos no les falta, que permite sin lugar a dudas colocar a lo que queda de los Delinqüentes en el mismo container donde deberían ir a parar los discos de Bebe o del gilipollas de Melendi, que a este paso va a acabar fumando chocolate Suchard. por Luis Angel Pérez |