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En apenas dos años de existencia, y tras el éxito de la maqueta que colgaron en su web, ya tenemos en las manos el segundo disco de los pamplonicos Lendakaris Muertos. Nada más ver la portada podemos observar que siguen en la línea provocativa que les caracteriza: como si del "Never Mind The Bollocks" de los Pistols se tratase, aparece la geta de Ibarretxe en una ondeante ikuriña teñida de rojo y amarillo (¡) con los ojos tapados por el título del disco: "Se habla español". La polémica (y el cachondeo) están servidos. Para más INRI, la contraportada está adornada a su vez por la bandera estadounidense, salvo que en lugar de estrellitas aparece repetidamente el simbolito de Bilbao. Un grano en el culo de nacionalistas, españolistas, americanistas y cualquiera se les ponga a tiro. El buen sonido del disco y el amplio set list, en el que siguen con la dinámica de canciones cortas y directas, se rematan con una excelente presentación en caja de cartón, acompañada de un megalibrillo a modo de póster donde han incluido las decenas de fotos que mandó la gente por mail mediante una promoción anunciada en la web del grupo. Puestos en situación, pasemos a la acción: tras introducir el disco con "Hijosdeputa", aparece "Gasolina", donde el grupo habla de la problemática que supone para la revuelta callejera la subida del precio del petróleo. A continuación, "Se habla Español", tema que da título al disco, juega a provocar a los defensores del euskera como idioma dominante en el País Vasco con frases que muchos no se atreverían a firmar: "se habla español en euskalerria, habla más vascuence hasta la policía". Una vez más, la doble lectura de sus textos le hace a uno preguntarse de qué pie cojean, para terminar comprendiendo que, simplemente, arremeten contra todo lo que se menea. "Oso Panda" mejor no destriparla, pero una cosa es segura: la carcajada al oírla. "Revolución" apunta, una vez más, contra los "revolucionarios" que no dan palo al agua a base de los viejos. La problemática machista toma forma de humor macabro en "Marido y mujerta". "El último Txakurra" sigue con la dinámica de caricaturizar los tópicos vascos, que no deja de recordarme al estilo del programa televisivo de ETB "Vaya semanita". El contenido de "Drogopropulsado" se ve delatado por su título. En "Hotel Familiar", se defiende con orgullo la figura de la generación perdida: treintañeros que viven en casa de los viejos, y a gusto además. "Gaupasa o Spiz" sigue con las coñitas que pueden dar de sí las drogas. Como en "Oso Panda", mejor esperarse a oírla uno mismo. "Mis hijos me escupen" presenta unos retoñitos que nadie desearía tener como hermanos. El despolle sigue con "Pastel de Costo": ¿quién no se ha jurado no volver a probarlo tras experimentar un mal viaje, para terminar recayendo irremediablemente en sus mieles?: como la vida misma. "Besos Gaztetxeros" anima a todos aquellos (o aquellas) faltos de cariño (recordemos que, "aquí no se folla es el problema vasco") a esperar su oportunidad. "Guantánamo" recrea unas indeseables vacaciones en la ilegal cárcel norteamericana. El penúltimo corte rescata de la maqueta "Das por cool", en el que se sigue machacando sin compasión al modernillo fashion de turno. El disco termina echando más sal en la herida (y, por supuesto, más risas) con "Eta, deja alguna discoteca". En definitiva, 16 nuevas canciones de Lendakaris Muertos que, pese a la rapidez con la que presentan sus nuevos trabajos, no merman ni en originalidad ni en provocación, sabiendo huir inteligentemente de las temáticas estereotipadas en las que parecía que, irreversiblemente, había caído el punk rock ibérico. por Jesús Casañas |