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Quien diga que el rock
estatal no se encuentra en su mejor momento posiblemente padece una sordera crónica
que le imposibilita descubrir el enorme número de nuevos valores que día a día
luchan por hacerse un hueco en el cada vez más complicado panorama del rock
actual, dada la gran cantidad y variedad de propuestas existentes, creciente día
a día tanto en número como en calidad. Es por ello que resulte difícil
destacar alguna en especial, pero sin duda la apuesta de este septeto alicantino
guarda recursos más que suficientes como para convertirse en una de las
formaciones que más han de dar que hablar en este presente año. Ideas frescas
aderezadas con esa garra propia de su juventud para dotar composiciones de punk-rock
dinámicas y trabajadas, en las que la gaita de Pablo terminan por dotar con ese
magistral toque final a las mismas para distinguirlas y destacarlas con un
personal estilo. Letras que funden las historias nocturnas de calle y barra de
bar, cual poeta callejero embriagado por el alcohol y las decepciones de un
mundo injusto. Herida de Guerra abre el disco con la melodía de flauta que da
paso a un potente corte de punk-rock urbano, fiel a los cánones, con un
pegadizo estribillo realmente destacable y una bases veloces que conjuntan junto
a nada menos que tres guitarras la acertada voz de Jorge para moldear un auténtico
temazo. Aunque quizás sea en Un Par de Alas donde alcancen la máxima expresión
de este Ahora Que Se Ha Ido el Sol, donde mejor se aprecie las altas cotas de
genialidad que los levantinos son capaces de fundir mediante esa genuina expresión
de rabia punk y sentimiento celta. Temas en una línea ligeramente más
aguerrida, como Hablo Yo, cortes sin concesiones como Desde el Redil o No Cuesta
Nada, contrastan con la línea más personal de Una Noche Más o la conmovedora
No Puedo Más. De nuevo la brillante introducción de gaitas para arrancar la
destacada Ya Se Ven Carteles, una proclama antimilitarista donde los cambios de
ritmo les llevan desde un medio tiempo a una línea cercana a los últimos
Reincidentes, para dulcificar el final de nuevo con sonidos folks. El olor a
rocanrol se apodera con intensidad en la rápida Mil Lágrimas, dónde la
característica voz de Aris (Transfer) se erige como la principal colaboración
del álbum. La Euforia parece acercarnos, sobre todo en el apartado vocal, a sus
paisanos Disidencia, para finalizar con guitarreras dosis de diversión gracias
a Mi Funeral un disco sorprendente a la par que recomendable de una banda que
debería llegar lejos en este difícil camino del rock, pues tienen madera más
que suficiente para ello. por j-kaos |