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A veces es necesario un
poco de savia nueva que salpique los estamentos establecidos del rock actual, en
ocasiones demasiado vanguardistas y pendientes de las últimas tendencias de la
escena. Y para ello que mejor forma que hacerlo desde el lado más clásico y
salvaje del rocanrol, sin complejos, con frescura y originalidad, pero sin
necesidad de inventar nada nuevo, sino exclusivamente de desempolvar un poco de
aquél espíritu ochentero más underground. Bajo estas premisas, y sin
necesidad más que de mirar a su propio frente diario, regresa de nuevo Guitar
Mafia, banda sobrada de carisma, con todo un lujo de segundo trabajo, Generación
Suicida. Producido por Valentín Mendez en los madrileños estudios La Nota,
masterizado por Kosta de Boikot, y autoeditado por la propia banda bajo el sello
Vaso Music como resultado del alto grado de estupidez mental reinante entre los
A&R de las discográficas punteras del rock estatal. La limitación de
medios no obstante no es suficiente impedimento para que el resultado final
refleje los planteamientos esperados, demostrando así la contrastada
experiencia de sus componentes en consagradas formaciones anteriores de la
escena madrileña, así como la esencia misma y la razón de ser de la propia
banda, que no es otra que su explosivo directo. Adictos al rock&roll en
estado puro y salvaje, con connotaciones del glam y del punk, cada uno de sus
trece cortes se convierten en exhalaciones de incontemporánea espontaneidad,
impregnadas en melódicos retazos de paroxismo sonoro. El propio tema que da
nombre al álbum, Generación Suicida, es el encargado de romper el hielo para
adentrarnos en su constante sucesión de ritmos indisimuladamente pegadizos,
fielmente serigrafiados en Nocturnas Criaturas, rocanroleros a más no poder,
Condenado, continuadores con Sentirme Libre de aquél espíritu que tan pocas
bandas se atreviesen a refrendar en los noventa, entre las que no podríamos
olvidar a los grandiosos Corazones Negros, de los que el propio Mafia Boy
(guitarra y voz) formara parte en su última etapa. Con Sin Religión parecen
recordarnos aquellos momentos de intenso rock&roll, nostálgico de épocas
pasadas, con sus adornados coros, sus oscuros riffs y la enorme personalidad de
su cantante, reinante en todas y cada una de sus composiciones. Niña Diablo es
una tormenta de pasiones eléctricas desenfrenadas, su corte más convincente y
demoledor. Con Lady Cocaína recuperan su espíritu más transgresor, evocación
de los argumentos más irrefrenables del rock en base a una frenética sucesión
de incontenibles acordes incendiarios que alcanzan en Tu Piel su máxima
expresividad. Historias que recrean una visión románticamente desgarradora de
la supervivencia en las calles, Avenida 10 o Malasaña Boy, inclinaciones hacia
la subjetiva oscuridad de la realidad, Astrozombies, o simples ejercicios de
provocativa diversión, Censúrame, definen un sensacional disco para el que la
joya oculta se presenta en su final, en forma de espectacular balada hard-rockera,
Never Goodbye, que ya hubiesen querido firmar cualquiera de las millonarias
bandas americanas del estilo en los ochenta, un delicioso broche para un jugoso
pastel servido desde la más honesta independencia. por j-kaos | ||||||||||||||||||