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Tras foguearse en mil y una aventuras, permutar su nombre (antes atendían por Las sombras), grabar dos demos y un mini-Cd acogidos excelentemente y telonear a sus adorados Katatonia y Fintroll, Embellish deciden dar el salto al largo de la mano de la compañía Goi para demostrar que son una de las bandas estatales con mayor proyección internacional y que constituyen el buque insignia del metal gótico facturado en la península. Estas "lágrimas negras y canciones profundas para amantes perdidos" - grabado en los Estudios Ax de Barcelona , producido por ellos mismos con la ayuda de y masterizado por Mika Jussila en los Finnvox Studios de Helsinki - comienza con muy bien pie en una escueta intro con Fender Rhodes puntuada por breves arreglos electrónicos en "Romeo's dead". Entre los Him más contundentes, la cara oscura de Sentenced y los To Die For menos clásicos y más sinfónicos y los Paradise Lost del "Icon" son los parámetros que rigen su libro de estilo. Y es que desde "I don't believe in you" -con esos arreglos electrónicos - hasta las guitarras cristalinas de "Nothing to promise" pasando por "Your ghost dancing" - que se acerca más al sonido Katatonia etapa "Viva emptiness" - y el tema que rubrica el disco (pensado como sinfonía romántica, es el más completo musical y formalmente y adopta un modus operandi que se repetirá luego en "Alone") , Embellish crean un clima idóneo para extender un manifiesto sobre la vigencia y dignificación de un género que todavía lucha por sacar la cabeza en el océano del metal oscuro. Igualmente, la versión del theme de "Twin Peaks" compuesta originalmente por el mago Angelo Badalamenti (interesante al buscar esa conexión cinemática y sumergirse en el universo Lynch y de la que además se incluye un videoclip dirigido por Tinieblas González ) y la citada "Alone" - en la que podemos escuchar incluso coros de ópera y voces femeninas a cargo de Sara - reinciden en dar fé de las intenciones de su empresa. Sólo les resta mejorar algo en la parte lírica (las letras caen a veces en el cliché fácil) e intentar buscar soluciones a esa leve monotonía por exceso de uniformidad sonora que a veces se apodera del largo y podrían llegar a ser - con ese romanticismo bien entendido de emoción contenida - la banda sonora perfecta para el intercambio epistolar de Rainer Maria Rilke con cualquiera de sus amantes. Susurros para corazones que dudan entre la caída en las sombras o el despegue hacia la luz. por Al Gordo |