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Alberto Rionda ha vuelto a demostrar en este disco, más
que en los anteriores, que es uno de los grandes compositores del metal español.
Se ha sacado de la manga de su ingenio diez joyas sonoras, que hacen vibrar a
todo aquel que se acerque a escuchar
este nuevo trabajo, haciendo que la voz de Ramón, la más limitada de los tres
cantantes que ha tenido el grupo en su Historia (Juan Lozano y Víctor García),
suene emocionante y muy personal y diferente a las anteriores. Con un estilo más
reposado y sereno, más cercano y emocionante, en este trabajo se consolida una
madurez ya apuntada en “El ángel caído”, solo que aquí no encontramos
composiciones como “Xana”, “Excalibur” o “Torquemada”… Han logrado
un raro equilibrio entre quietud y potencia. Solo con “Lucero”, Rionda
supera todo lo hecho hasta ahora. Un muchacho ciego, que sueña con su amor platónico,
al que nunca podrá alcanzar es el tema. Muy bueno el ritmo constante de la
batería y la melodía de las guitarras que, unidas a la voz de Ramón –que es
en la que mejor suena- y al tipo de coros ya usados en el disco anterior, dotan
a la canción de un aura especial. “Niño”, el tercer corte, es una preciosa
composición en la que se incluyen partes recitadas, acerca del destino y todo
lo que le espera a un niño nada más nacer, sin poder de elección. Un tema
emocionante y conmovedor, ya que la voz sobrenatural que recita, intenta
imponerse a la voz humana que quiere guiar al niño, como un canto de esperanza
hacia un mundo mejor. La voz que recita se impondrá a la visión optimista del
cantante: “Enséñame la otra mejilla…”. “Jamás”, dedicada a los
medios de comunicación, es una de las canciones más potentes del disco, al
igual que “Cien Veces”, canción in-crecendo. En “Alborada” nos
encontramos un tema de amor desgarrador en la que la voz sólo es acompañada de
piano y guitarra. “El viejo torreón” destaca por un gran estribillo en el
que la guitarra principal pone los toques de magia con unos acordes ensoñadores.
Muy bueno también el punteo de mitad de canción y su parte final. En el séptimo
corte, colabora el cantante de Shaman, el brasileño Andre Matos, realizando,
junto a Ramón, unos grandes coros y el sonido potente de los teclados, una
canción mística y abstracta y con una fuerza inusitada. “Los poetas han
muerto” (¿seguro?), la canción que da título al disco, tiene un texto
impactante en las estrofas que comienzan “señor de los tiempos”, pero me
parece que el estribillo queda un poco más flojo que el resto, aunque
musicalmente es inapelable. Y, ahora sí, con “Madre Tierra” encontramos lo
mejor de Avalanch. Con una potencia rítmica de batería y guitarras, da paso a
una apasionada interpretación de su cantante. Después de esta intro, una parte
más melodiosa culminan en un gran estribillo que Ramón interpreta casi a la
perfección –se hace difícil imaginársela en otra voz-. Es otro tema que va
creciendo, apreciable sobre todo cuando, tras un punteo de Rionda, se escucha
una voz rasgada y dolorida, de corte árabe que, realmente, llega a poner los
pelos de punta y tras la cual las guitarras hacen continuar ese dolor para
repetir después el genial estribillo. De “Ecos de vida” hay que destacar el
tema de la composición: esa gente mayor que nos rodea y de la que,
injustamente, a veces nos olvidamos, los abuelos; esos luchadores que se merecen
un digno final. En definitiva, Rionda y sus chicos demuestran que Avalanch –a
partir de este momento- nos ofrece algo diferente, algo muy grande y digno de
tener en cuenta. A “Lucero” y “Madre Tierra” me remito. por elchayi |