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El principal problema radica en no aceptar que Avalanch son una banda completamente nueva. Si este disco aporta algo realmente importante, esto es hacer una escisión entre el presente y el pasado del grupo: marca un antes y un después. Para poder apreciar todo el contenido del álbum debemos hacer una abstracción mental momentánea y separarnos de toda la historia de la banda, olvidar toda la polémica que se creó en su día respecto a la separación de varios de sus miembros, olvidar que durante un tiempo Avalanch fue una banda de Power-metal con toques progresivos, olvidar tal vez los dos últimos discos; en fin, escuchar como si fuera la primera vez que escuchas un álbum de un grupo para ti desconocido. Es así como hay que sentarse a escuchar "El hijo pródigo". Los dos discos anteriores hacían patente que algo se estaba gestando en el seno de la banda, pero no estaba muy claro a dónde quería ir a parar Alberto Rionda con esas composiciones. Ahora ha llegado: "El hijo pródigo" es a lo que se dirigía. De este álbum, grabado y producido por el propio Alberto Rionda en sus Bunker Estudios, no se puede esperar metal sin más, por que está a otro nivel. El estilo de Avalanch ha dado un giro hacia el hard rock, plasmado en el gran protagonismo que toman las líneas vocales y los juegos de voces. Las guitarras cambian la velocidad extrema y la distorsión al máximo por otras más suaves y, al mismo tiempo, ricas, usando distorsiones y efectos que le dan ese sabor ochentero al disco. Pero no se asusten, siguen haciendo uso magistral de riffs muy cañeros, solos de guitarra muy elaborados, todo ello aderezado con una batería que, sin ser llamativa por su originalidad o técnica, es, sí, oportuna. Otra gran diferencia es la forma de usar los teclados, creando una ambientación que arropa cada uno de los temas, cobrando especial protagonismo en cortes como "Un paso más" o "La cara oculta de la luna", corte de comienzo lento en plan balada, pero que gira hacia uno de los estribillos más pegadizos del disco. También se nota que la voz de Ramón Lage ha encontrado la tesitura que más cómoda le resulta para cantar, dejándose esto notar en canciones como "Aún respiro" o "Alas de cristal", tema que abre el disco, y que, si bien tiene un comienzo un tanto ñoño, también tiene uno de los estribillos que se convertirán en himnos de la banda en los conciertos venideros. Sin embargo, si tuviéramos que elegir dos temas de entre los diez del disco, éstos serían sin duda "Lágrimas negras" y "Semilla de rencor", tal vez los dos temas más heavies del álbum, claros ejemplos de que la banda piensa seguir haciendo una música para hacer saltar a sus seguidores. Que así sea. por Juan Fernández |