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XI FESTIVAL VIÑA ROCK - VILLARROBLEDO, ALBACETE - 28-30/04/2006

 


 

SUCIO (Escenario Matarile 15:45)

            Rocanrol urbano de toda la vida, sin más pretensiones y sin grandes alardes, es lo que ofreció la banda local Sucio, cuya correcta actuación no levantó demasiada expectación entre el acalorado público que pululaba por Matarile a horas tan tempranas dados los horarios del festival. "Vamos a empezar con un poco de rocanrol", anunciaron al comienzo de su concierto los villarrobledenses. A parte de empezar, siguieron y terminaron también no ya con un poco sino con mucho rocanrol. Los títulos de sus temas -"Triste Final", "El bar", "Ella es la reina de la noche" o "Estoy harto"- son una buena pista sobre el estilo musical de estos Sucio: guitarreo, batería 4x4 y letras sobre amores turbios, pasiones nocturnas, juergas y demás, siguiendo de la manera más ortodoxa la trillada estela de Leño, Platero y Tu o Los Suaves. El rock callejero de siempre, bien tocado y arreglado pero sin sorpresas ni demasiada originalidad en su interpretación. Tras un baladón de desamor rockero interpretaron la destacable "Con diecisiete", canción en que Sucio recuerdan con nostalgia años de grandes borracheras y resacas y que pareció una auténtica radiografía del estado neuronal del público que, tras dos duras noches de Viña, vegetaba a la sombra de las carpas. "Papel de regalo", la citada "Estoy harto" y por último otro tema nostálgico llamado "Aquellas canciones", cerraron la correcta actuación de la banda más destacada de Villarrobledo, que de momento tan sólo ha podido publicar una maqueta. (Daniel Cabrera)

PORRETAS (Escenario Matarile 17:30)

            Una vez finalizados los conciertos de Banda Bassotti y Horca, bastaba girarse, caminar unos metros hasta Matarile y esperar diez minutos (el tiempo justo para un necesario viaje de ida y vuelta a la barra) para ver aparecer en escena a los Porretas. Todo muy cómodo. Los madrileños no ofrecieron nada que todo el mundo no conociera ya más que de sobra, pero a nadie le importa un carajo que ni sorprendan, ni sean músicos virtuosos, ni especialmente originales: de lo que se trata es de bailar su punk pachanguero y de cantar a voz en grito sus estribillos pegadizos y facilones. Por eso Porretas son el grupo perfecto para un festival de este tipo, ya que al verlos sobre el escenario se tiene un poco la sensación de que quienes están actuando son -con todo el respeto- unos colegas de toda la vida con su grupete de rocanrol tocando en las fiestas del pueblo. Su repertorio estuvo formado principalmente por canciones de siempre: "Jodido futuro", "Si lo se me meo", "El deudor del condado de Hortaleza", "Haciendo el ganso", "Dos pulgas en un perro" conformaron un primer bloque, al que siguieron algunos temas de un último disco que, aunque no está entre sus mejores trabajos, mantienen su habitual profundidad lírica en temas como "Kalimotxo". Con "La der furbol" se vino todo el mundo arriba coreando aquella gran declaración de principios de "Con mi bota de vino y mi bocata salchichón nos vamos todos al fútbol como Dios está mandao", al igual que con los estribillos de su disco de versiones "Clásicos", que fueron enlazando unos con otros: "Pongamos que hablo de Madrid", "Peligrosa María", "Diga que le debo", "Txus" o "Saca el wiskey chely" entre otros. Después de otro testimonio de su último LP, "La hemos cagao", cayó la esperada "Marihuana". Y de propina, entonaron el gran estribillo "Y nos llaman los Porretas". ¿Qué más se puede pedir? (Daniel Cabrera)

BURNING (Escenario Matarile, 19:30 horas)

            Pioneros en liberar el rock a las calles, allá cuando la dictadura agonizaba, era merecido homenaje contar con la banda de La Elipa en Viña Rock celebrando su trigésimo aniversario de carreteras y sinsabores. Johnny Cifuentes y los suyos regresaban por segunda ocasión al festival manchego, bien dispuestos a rememorar su trepidante actuación seis años atrás, con la mecha encendida y los sentidos estimulados ante el inminente acaecer. Sin andarse por las ramas, y desechando en esta ocasión el formato acústico que les acompañase con habitualidad en su presente gira, merced a la edición de 'Dulces Dieciséis' o su visión desenchufada de sus grandes canciones, con "No es Extraño Que Tú Estés Loca por Mí" sentaron las bases de partida a lo que supondría la inevitable sucesión de clásicos encadenados. "Nena" y esa imagen cargada de chulería castiza que el propio Johnny siempre supo encarnar, no faltaron sus gafas negras características, aunque esta vez se echó en falta la botella de Jack Daniels sobre su Yamaha. Avivando el espíritu del rocanrol como pocos, "Jim Dinamita", y pese a no contar con el apoyo del público como otros grupos sin una tercera parte de su carisma, lejos de amilanarse el propio Johnny volvió a hacer de la habitualidad su mejor arma para separarse de su teclado por momentos y jalear al personal inconstante. "Que Hace una Chica Como Tú en un Sitio Cómo Este" y, sobre todo, un inapelable "Esto es un Atraco" confiaron finalmente el beneplácito de la afición a los luchadores madrileños, para a partir de dicho instante convertir el escenario principal en una fiesta incesante al ritmo de "Es Especial" o el incontenible "Mueve tus Caderas", arropados por Rubén y Leiva de Pereza a la par que un desbocado Cifuentes regaba con champán a la concurrencia para acabar autobautizándose con el líquido espumoso. Con "Weekend" y la emotiva "Una Noche Sin Ti", y Pepe Risi en el recuerdo, Burning pusieron el broche definitivo a su incontestable saber hacer, profesionalidad y entrega, pasión y desenfado para hacer vibrar la llama, candente aún, con la que incendiasen en el ayer las calles de Madrid. (j-kaos)

MEDINA AZAHARA (Escenario Matarile, 21:30 horas)

            Inalterables al paso del tiempo, supervivientes consumados reviviendo la magia cada noche sobre los escenarios, la prolongada existencia de los cordobeses, siempre rayando a un impecable nivel, solo puede entenderse merced a su constancia y trabajo por un sueño, por una ilusión mantenida durante cinco lustros imperturbable, el amor a la música por encima de todo. Sabedores de su oficio, de no ser adalides del éxito fugaz sino de la brega perenne, su esfuerzo de largo recorrido hacía escala una vez más en Villarrobledo embadurnado de sentimiento y dispuesto a abrir los corazones "A Toda esa Gente" congregada frente al escenario central. La disparidad de un público expectante y heteróclito siguiendo la evolución de los andaluces, mientras a golpe de teclado "Se me Olvidó" acentuaba una cierta vena jubilosa, pronto se convertiría en reconocimiento ante la esencia especial de la banda sobre el escenario, "Junto a Lucía", aferrada en todo momento a la coherencia en su carrera musical -nota debiera haber tomado su sucesor sobre dicho escenario-. Debieron no obstante trabajárselo duro los sureños para motivar a la audiencia mientras su sucesión de indelebles composiciones, "Paseando por la Mezquita", "Palabras de Libertad" o "Velocidad", iban perfilando las formas del anochecer entrante. Así, cuando los acordes de "Necesito Respirar" se reconocían transitando los últimos coletazos, todos los brazos agitaban sus palmas y todas las gargantas coreaban sin cesar. Anticipando el desenlace, las lágrimas germinaban entre las cuerdas de Paco Ventura anunciando, entre el coro de almas recitantes a capela, que "Todo Tiene Su Fin" y el suyo esta vez así debía de culminar. De esta forma, y a base de clase y pundonor, Medina Azahara lograron meterse el festival en el bolsillo perviviendo la esencia del rock andaluz que año atrás convirtiese el sentir de un pueblo en incipiente corriente sonora. (j-kaos)

RAMONCIN (Escenario Matarile, 00:00 horas)

            La hora bruja era la señalada para que el "rey del pollo frito" rindiese cuentas ante el jurado popular que impaciente y en abundante número congregado esperaba la presencia del apoltronado dirigente de la S.G.A.E.. Intercambiando por esta vez su sillón de contertulio en el programa de Ana Rosa por las tablas del escenario, los gritos de "Ramoncín el que no bote", "Puta SGAE" o "Lingo, Lingo" se sucedían entre los presentes para dar calor a la previa mientras se aguardaba la puesta en escena del otrora neopunk y sus secuaces. Iluminado en solitario dentro del "prime time" viñarockero, la respuesta ante su salida al escenario fue contundente y determinante. Llovieron tomates, huevos podridos, minis cargados a cinco euros, hielos y demás objetos diversos ante los apenas veinte segundos que aguantó en escena, alejado al fondo de la misma y haciendo sonar tan solo tres acordes de su guitarra, quién a finales de los ochenta recibiese todo eso y mucho más en cada actuación. Pero su ropa de diseño y su caché de gran estrella esta vez no podían permitir tales afrentas. No debiera, no obstante, haber sido esa la actitud idónea por parte de una facción del público a la que en ningún caso se le podrá justificar cualquier acto de violencia contra un artista o cualquier otra persona. Quizás la con creces justificada protesta hubiese debido llevarse por otros cauces, evitando convertir el festival en carnaza para los grandes medios de desinformación, y no privando de la actuación del mencionado sujeto a quiénes realmente hubiesen tenido interés en la misma, pues no en vano su legado de canciones forma ya parte imborrable de la historia de nuestro rock. Pero lo que en sí es evidente es que el desenlace estaba predestinado, pues como refleja el refrán, quién siembra vientos recoge tempestades, y la discutida actuación de Ramoncín en los últimos años, no ya como personaje público o monigote en el televisivo circo catódico, sino, y ante todo, como abanderado en la injusta lucha contra lo que llaman piratería los que recogen a cientos en sus bolsillos el sudor y los esfuerzos de multitud de músicos arrinconados, le había de antemano condenado ante las miles de almas allí reunidas. Así en definitiva aconteció la actuación más breve del festival, batiendo el record ostentado desde hace años por El Chaval de la Peca, que terminó por alejar a la realidad a una estrella estrellada, a un pollo frito que esta vez salió chamuscado. (j-kaos)

PEREZA (Escenario Matarile, 02:30 horas)

            El cierre del escenario Matarile, escenario metalero por excelencia, venía con la veterana banda de pop-rock "Pereza", otra de las incondicionales del festival que lleva ya sus años repitiendo en el cartel. A estas horas solo cabe hablar de consagrados, los grupos que disfrutan de más tiempo para dar lo que la gente realmente espera de ellos, un espectáculo que los deje a buena altura y cumpla con el caché preestablecido en factura. Los "Pereza" llegaban del norte de Madrid a la noche Viñarockera para ofrecer un cúmulo de frescura y chulería rockanrolera. Su último trabajo, "Animales"(2005 RCA), ha resultado un éxito entre los amantes del rock cool español. La estética de sus conciertos tampoco deja que desear para los seguidores del cine de Kubric o bandas como "Burning" y la filosofía de Bolan, así que entre una cosa y otra, todos disfrutaríamos de ellos. "Princesas", o lo equivalente al primer gran single que abre este último disco formó el momento clave; ellos se sentían especiales en el escenario y todos contribuían a ese magic effect que venía acompañándonos en los conciertos más especiales de las noches de Villarobledo. La nota negativa la aportaron algunos malos rollos que un grupito de gente del público tendría contra la banda, ya que un par de botellas lanzadas desde el mismo sitio dieron en la mano de Leiva mientras tocaba su bajo. Desde luego, un espectáculo bochornoso por parte de esas personas que no respetan la "multiculturalidad musical" del viña, por decirlo de algún modo. No obstante, los que queríamos seguíamos con ellos y la vuelta a los 80 más chulapos vino de la mano del conocido "Yo era mánager de un grupo de rock". Buena dósis de rock y desparpajo con el que gritaron a los cuatro vientos que "nos la suda el reggaeton", "viva el rock" y "vivan los junkies" o mejor dicho "Superjunkies", tema que acabó por poner un poco de tierra entre los malos rollos con sus ritmos dejados y pegadizos. Para terminar, diez minutos antes de lo previsto (tocando en total 40 de los 55 minutos que disponían), ofrecieron algo de "Música ligera" para amansar a las fieras que no dejaban de joder la marrana. En definitiva, mala suerte la que tuvieron estos chicos con cierta parte del público que les tocó aguantar, aunque Ruben se mostrara algo indiferente al respecto, lo cierto es que la incomodidad se le podía leer a Leiva en la cara, dato por el cual suponemos, acabaron antes de lo previsto, aunque nos quedamos con los buenos temas y su, ante todo, profesionalidad en el escenario, hasta para aguantar el tirón, con dos cojones y mucho rock and roll. (LÔCA)