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UNIVERSIMAD 2006 - CIUDAD UNIVERSITARIA, MADRID - 15/05/2006 El pasado 15 de mayo tuvo lugar en el paraninfo de Ciudad Universitaria de Madrid el Universimad 06. Para los que no lo sepan, se trata de la tercera edición de un festival de música organizado por Festimad y Rock Villa de Madrid en el que concursan grupos noveles a la par que actúan grupos consagrados de la escena nacional. Este año, además, se encuadró dentro de las madrileñas fiestas de San Isidro, por lo que se celebró el lunes 15. Esto, estando el sábado y el domingo, fastidió los planes a más de uno que se quedó sin ir por tener que ir currar y/o a estudiar en cualquier ciudad del extrarradio, ya que ese día sólo es fiesta en Madrid ciudad. No obstante, para los que aún viven en el limbo estudiantil, exentos de la obligación de tener que ir a levantar el país, era un buen día para hacer peyas, lo que propició que la media de edad entre el público fuera de 18 años. Al calor que brindó el sol durante todo el día se sumó el excesivo polvo, proveniente de la pista de baile, y los condones que daban en la puerta bajo el lema "No al Sida", que llenaron el recinto de globos blancos con los que jugar como si de balones de Nivea se tratasen. Algunos, incluso, tuvimos el privilegio de ver como más de un bolinga se dedicó a incrustárselos en la cabeza para hincharlos con las fosas nasales hasta hacerlos explotar. Pese a que la entrada era gratuita, aunque con invitación, litros y personas volaban impunemente y por igual por encima de las vallas, ante la mirada impasiva de la policía, que observaba la situación con cara de "a mí como si te abres la cabeza". En fin, pequeños detalles que pueden hacer del día una velada inolvidable. Los encargados de abrir el festival fueron Sidonie, a quienes les tocó el difícil papel de tocar los primeros a horas tan poco cristianas como las 12 del mediodía. Nos presentaron su tercer y último disco, "Fascinado", en el que continúan con las dosis de pop psicodélico, eso sí, cantando ahora en castellano. Un grupo que, pese a sonarnos a nuevo, lleva tocando prácticamente una década, lo que se dejó notar en su directo. Siguió Fabian, cantautor leonés que, acompañado de guitarra, bajo, batería y violín, nos presentó brevemente sus canciones de pop con aire folk con una formación prácticamente rockera. Skalariak salió al escenario mucho más temprano de lo que mucha gente (que llegó después y se los perdió) hubiese querido. Pese a estar sobre las tablas tan sólo 20 minutos, hicieron bailar al público de lo lindo con un set nutrido de temas clásicos y nuevos, provocando una de las primeras grandes polvaredas que castigarían a los asistentes a lo largo del día. Los alemanes Tok Tok Tok ofrecieron una ración de soul con voz femenina y toques de acid jazz. Su cantante, Tokumbo Ankiro (de quien proviene el nombre del grupo), afirmó no sabemos con qué intenciones que después de haber estado tocando en sitios como Barcelona o Bilbao, donde se hablan dos lenguas, estaba encantada de tocar en Madrid donde sólo se habla una. Tras Tok Tok Tok, salieron a escena de forma fugaz los tres grupos ganadores de la muestra complutense "Rockingcampus", a los que siguieron de forma escopetada los grupos finalistas de la XXVIII edición de los premios Rock Villa de Madrid. La disponibilidad de dos escenarios (escenario Universimad a la izquierda y escenario Complutense a la derecha) fue un gran acierto por parte de la organización de este festival, ya que permite actuar a un grupo mientras el siguiente prueba sonido. Esto ahorra molestias de tiempo y ruido al público, que tras oír el último acorde de un grupo escuchaba la presentación del siguiente en el escenario de al lado. Así, en cuestión de hora y media, entre las 15:30 y las 17:00, fueron despachados los siete participantes del concurso: Morgana Vs. Morgana, quinteto valenciano de original estilo, entre el hard rock y el metal; No Aloha, grupo indie madrileño de voz femenina, cuyo nombre proviene del título una canción de The Breeders; Skasiko, banda que a pesar de su nombre y procedencia, Italia, no tocaban ska, sino metal con toques de rap; TeNPel, joven formación madrileña cuyo estilo sería bastante difícil de definir por escrito; The Suns, trío afianzado en el circuito madrileño que incluso llegó a actuar recientemente en el Festimad; The Sweet Metal Band, grupo que, pese a su indumentaria de niños buenos de colegio de pago, ejecutan de forma precisa un metal bastante aberrado, sobre todo gracias a la gutural voz de su cantante; y, por último, Tom Cary, cuarteto psicodélico a medio camino entre el pop y el rock en donde, como curiosidad, cantaba el batería en la mitad de los temas, quien para terminar la actuación rompió una guitarra contra el suelo ante la incómoda mirada de los organizadores. Tras cerrarse el turno de grupos noveles (aunque, dado el gran nivel, de noveles tenían poco) salió a escena Humbert Humbert. Cualquiera que los hubiese escuchado desde el césped sin verlos habría creído que era una banda al completo, pero en realidad el grupo está compuesto por un dúo, guitarra y voz, que actuaban en directo sobre unas bases tan bien pregrabas que costaba notar la diferencia. Estos dos chicos, encurtidos en negras túnicas como si formar parte de una extraña religión, tocaban un rock bastante peculiar (definido por algunos como electro-punk) gracias a la afilada voz del cantante. Su aguda y delirante forma de cantar es difícil de describir, pero para que os hagáis una idea podría ser una mezcla entre mr. Copini de los primeros Siniestro Total y System of a Down (sí, ya se que las comparaciones son odiosas, pero es lo que hay). Para cerrar su actuación se atrevieron con una alocada versión del "Comucation Breakdown" de Led Zeppelin. Como curiosidad, apuntad que ambos componentes de Humbert Humbert (Paco Alcázar y Miguel Núñez) son dibujantes de cómic. Si alguno de los asistentes fue buscando a una Cristina en plan revival de Los Subterráneos (cosa muy extendida últimamente entre los líderes de grandes grupos que, pese a haber seguido en solitario, siguen explotando el repertorio mítico de su banda matriz) seguramente se llevaría una gran decepción al encontrarse con la reina del underground newyorkino. El estilo de Christina Rosenvinge pone de manifiesto que ha llovido mucho desde "mil pedazos de mi corazón", aunque por su aspecto físico, en el que parece que no pasan los años, nadie lo diría. Acompañada por guitarra, bajo y batería, Christina nos presentó su recién editado "Continental 62", haciendo gala de un pop rock bastante personal, de medios tiempos, cantos de sirena y alma triste, que bien podría encajar en un disco de doom metal, mientras iba alternando entre la guitarra y la voz y las letras en castellano e inglés. Posiblemente el momento más tranquilo del festival. Momento para escuchar y tomar aire, cosa que empezaba a ser considerablemente difícil entre el polvo y el polen que flotaban en el ambiente. Tras el descanso propiciado por la anterior artista, los cuerpos estaban preparados para la bailonga música de Ska Cubano. Aunque el nombre no deja mucho a la imaginación, este grupo ataviado con el uniforme general del folklore skatalítico hizo las delicias del público, que no paró de mover el esqueleto con los ritmos cubano-jamaicanos de la banda. Dos voces, guitarra, contrabajo, batería, percusión y una sección de cuatro vientos conformaban esta peculiar alineación, de donde habría que destacar a la saxofonista oriental, que deleitó al público con unos provocativos solos ejecutados con el instrumento agarrado entre rodilla y rodilla. En total, una hora de bailes que levantó un gran nubarrón polvoriento en todo el recinto: un puesto de mascarillas habría triunfado más que el de bocatas y patatas fritas. A continuación salió a escena La Chicana, grupo de original estilo, clasificado por la propia cantante como "tango punk" (aunque de punk, al menos musicalmente, tenían bastante poco). Este sexteto formado por guitarra, bajo, percusión, violín, bandoneón y voz tomaba el tango como base para amacarrarlo con toques modernos, como el rock o la rumba. Tras ejecutar varios de estos tangos con introducciones "anarcopunk" o "hardcore", terminaron su actuación con el tema titulado "Lucho en el Suelo con Diamantes", en alusión al himno psicodélico de los Beatles "Lucy in the Sky with Diamons", pero con el Lunnie amarillo como protagonista. Si un servidor pensaba que no iba a ver en la vida a Christina Rosenvinge sobre un escenario, tampoco habría dado mucho crédito si un mes atrás le hubiesen dicho que iba a asistir a un concierto de Javier Álvarez. Pese a los problemas de sonido iniciales, este recuperado artista se ha sabido rodear de buenos músicos para dotar a sus canciones de aires rockeros, funkies o incluso de música dance. Tras canciones como "Los años de papel" o "Cuando haces pop, ya no hay stop", el cantautor concluyó con el tema que le sacó de tocar en el Retiro para catapultarle a la fama, "1,2,3,4 (paso ligero, yo te lo mando)", en versión rockera y estribillo reggae. El concierto, marcada por las prisas (nos quedan sólo x minutos, repitió Javier Álvarez en varias ocasiones), se cerró definitivamente la versión de un himno funky, de esos que salen en los anuncios de coches y de cuyo nombre ahora no quiero acordarme. No obstante, es de agradecer a la organización que respete el horario establecido, cosa que nunca se ha predicado demasiado en tierras españolas. El festival siguió con Emilio Rua. Este músico, proveniente de Riós, un pequeño pueblo de Ourense, defendió su personalísima visión del pop-rock de tintes tradicionales gallegos con su voz, su guitarra y su armónica, a la vez que era acompañado por teclista, contrabajista y baterista. Su actuación, de apenas 20 minutos de duración, estuvo nutrida por unas íntimas letras en las que intercaló como lenguaje el castellano y el galego. El evento continuó con música gallega, esta vez de la mano de la gaitera Susana Seivane. La artista salió a escena acompañada por tres multidisciplinares músicos, que fueron rotando sus instrumentos en función de la canción: bandolina, jembe, guitarra o cajón flamenco fueron sólo algunos de ellos. Pese a ser sólo cuatro instrumentos (ninguno eléctrico) sobre el escenario, la actuación de Susana Seivane hizo bailar al público de principio a fin, gracias a un folk bastante animado y nutrido de numerosas muñeiras que hicieron florecer al folclórico que todos llevamos dentro y generar de nuevo una intensa nube de polvo asfixiante. Terminado el recital de gaita, la organización dio paso a anunciar los ganadores del certamen. El premio a mejor guitarrista, consistente en una Gibson (marca patrocinadora del evento) se lo llevó Javier Muñoz, de Tom Cary. Alejandro Gallardo, guitarrista y cantante de The Suns, recibió por su parte el de mejor intérprete, valorado en 1.200 euros. El premio a segundo mejor grupo (3.000 euros) lo ganó TeNPel, mientras que los ganadores de la noche fueron los italianos Skásiko, que obtuvieron el premio a mejor grupo (nada más y nada menos que 6.000 eurazos). La entrega de premios sirvió, además, para preparar la descarga final de los tres platos fuertes de la noche: Hora Zulú, Sex Museum y Def Con Dos. Terminados los premios, la gente que hasta ese momento había estado más o menos desperdigada por el césped empezó a concentrarse delante del escenario para ver salir a Hora Zulú. Tras una tarde más bien marcada por el mestizaje, la distorsión del primer rift de guitarra de los Zulú sirvió para marcar el cambio de tercio hacia el rock duro que reinaría hasta el final del evento. Este cuarteto granadino no defraudó a ninguno de sus seguidores, ofreciendo durante una hora el contundente sonido que les caracteriza, en el que no dudan en aderezar el metal más pesado con hip hop y flamenco. Las potentes bases de Javi Cordobilla, las líneas de bajo de Alberto Pinto y los solos demoledores de Paco Luque sirvieron para acompañar las rapeadas letras de Aitor Velásquez mientras el sol se esfumaba para dar paso a la noche.
Ya bien entrada la oscuridad nocturna, y con los ánimos del público subidos ya
de tono, los encargados de seguir con la fiesta fueron los madrileños Sex
Museum, que con su brutal y reconocido directo hicieron gala de un rock n´ roll
en estado puro. Sin dejar de sonar moderno, su sonido transporta a los mágicos
años 70 con una eficiente puesta en escena, donde el guitarreo se mezcla con el
hammond y las melodías del cantante. Y es que los 20 años y 12 discos que este
grupo lleva sobre sus espaldas no pasan en balde. Si te gustaron, atento, que
están a punto de editar su nuevo álbum, "United". Con un público ya
totalmente entregado y masificado en la pista, los samples dieron paso al set
guitarra-bajo-batería que conforma la parte instrumental de Def Con Dos. Tras
unos segundos calentando los ambientes a base de rifts heavys, aparecieron en
escena los tres cantantes de la formación, micro en mano y, como siempre, sin
parar de dar brincos. El grupo descargó todo su repertorio de himnos clásicos
durante más de una hora de concierto, haciendo las delicias de todos los allí
convocados, que estallaron en un gran pogo. La polvareda desatada a estas
alturas de la noche hizo de cualquier prenda textil una idónea mascarilla, con
lo que camisetas, palestinos o chupas eran llevados a la nariz de la gente como
si del ejército zapatista se tratase. Tras varios años sumergidos en un parón
indefinido, Def Con Dos parece haber vuelto con más fuerza que nunca. Tanto es
así, que una de sus últimas actuaciones (el 3 de septiembre de 2005 en
Alcorcón, Madrid) ha servido para editar su último trabajo, "6 dementes
contra el mundo", consistente en CD y DVD en directo. texto y fotos por Jesús Casañas |