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LE PUNK - CHESTERFIELD CAFE, MADRID - 17/11/2006

            Acreditado por los pelos y con más de una hora de retraso (las 21:30 previstas para el comienzo se convirtieron enseguida en las 22:45 en que salió a tocar el grupo; prometería no volver a picar llegando a la hora que indica la entrada, pero no me gusta jurar en vano), finalmente pude disfrutar del concierto que los Le Punk ofrecían al público madrileño por segunda vez desde que saliera su reciente disco "No disparen al pianista". En un principio el público asistente no era muy numeroso, aunque para cuando comenzó el concierto la sala se había llenado. Eso sí, mucho me temo que gran parte de los asistentes no venían al concierto, sino que simplemente esperaban a que este terminara para que la sala Chesterfield volviera a convertirse en el pub multitudinario que siempre ha sido. Miradas de extrañeza así lo ponían de manifiesto. La velada comenzó con una canción de su primer disco "La logia de la canalla", concretamente con "La noria", alargada para la ocasión para que la gente fuera entrando en calor. Así las cosas quedaban claras desde el principio, el concierto no iba a ser una mera revisión de su último disco. Muchos nos alegramos de ello.

            Nunca un escenario tan pequeño había sido ocupado por tanta gente junta, seis personas en total (invitados a parte), la banda que ha grabado el último disco al completo. Joe Eceiza sigue dándole caña a su guitarra eléctrica, aunque los verdaderos protagonistas de un concierto como este fueran los instrumentistas que hacen de este grupo algo realmente novedoso: César (acordeón y piano) y Tuli (clarinete y saxo). Sin desmerecer, claro está, a Derek en la batería y a Dani "Patillas" al bajo. El mayor problema del concierto residió en la voz de Alfredo, ya que el sonido que salía de su micro era realmente pésimo. Se le escuchaba muy mal, como muy bajito, no se le entendía cuando hablaba. Decía cosas al público para animarle, hacerle partícipe de la actuación, y sin embargo no se le entendía ni media. Hacia la mitad del concierto, desde sonido debieron arreglar un poco el micrófono y la cosa mejoró considerablemente.

            Lo mejor del concierto vino cuando se dedicaron a explotar la parte más movidita de su repertorio, tocando de seguido "El Basker", "Así me va" y "Sol de enero", haciendo moverse al público como nunca. Es el punto fuerte de Le Punk, las canciones de mayor instrumentación, todos compenetrados en formar unas melodías bailonas de evocadores ritmos chulescos, ya sea en forma de música balcánica o en forma de swing. También gustaron, y mucho, "La virgen de la soledad" y "Nacemos solos" (ambas del último disco). Por supuesto también hubo lugar para el tango ("El telón", cantado a medias con el público), quizás el pilar principal de esta banda. De hecho el concierto terminó con la canción que debería ser desde ya el himno de Le Punk, "Compañeros", más que un tango una oda a la amistad. Perfecto para cantar borracho, en este caso fue coreada a modo de despedida por parte del grupo, que cedió al respetable la oportunidad de berrearla a coro. El bolo tocaba a su fin, pero con este tema quedaba claro que entre colegas no hay lugar para decir "adiós", siempre hay tiempo para un "hasta luego".

            Fue un concierto alegre, la gente bailó, coreó y salió de allí contenta, el grupo estuvo simpático y tocó algunas de sus mejores canciones. ¿Acaso se le puede pedir algo más a un concierto? Por mi parte no. Bueno, tal vez que empiece por una vez a su hora.

texto por Miguel Martín

fotos por Raúl Ranz