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LAPIDO - SALA EL LOCO, VALENCIA - 01/04/2006 Sólo un tipo tan sobrado es capaz de salir a tocar como si nada un sábado en el que España entera se paraliza por un partido de fútbol. Muy pocos tienen la misma autoridad que Lapido para subirse a un escenario en el descanso de un Barça-Madrid como si la cosa no fuera con él, como si en realidad, el país al completo se hubiera detenido sólo para escucharle a él. Con su camisa negra habitual, al más puro estilo Cash, y rodeado de su banda habitual, Lapido salió al escenario de El Loco dispuesto a contagiar su rock sobrio de vieja escuela. Y lo hizo ansioso, con quince minutos de antelación, como si quisiera recuperar el tiempo a contrarreloj después de tres años sin pisar la tarima valenciana; con el foco principal dándole la luz que se ha ganado a pulso en todos estos años, como el frontman que es. Eso sí, aquí la máxima de "sin esta gente todo esto no sería posible" se cumple a raja tabla; sin el carismático Víctor Sánchez a la guitarra y en los coros, Popi González en la batería, Antonio Lomas al bajo, o el grandioso Raúl Bernal al órgano-piano, el maestro Lapido lo hubiera tenido mucho más difícil. Entre todos consiguieron lo que se olía desde el principio, entre aroma a cerveza y tabaco: una noche de rock and roll a la antigua usanza. "Somos pocos, pero elegidos, ¿no?". Sin duda, éramos pocos. Y el elegido era él. Parco como pocos, Lapido empezó algo frío; debe costar enfrentarse a una prueba ante poco más de treinta personas y, en el que algún desalmado recuerda lo que se están perdiendo con un futbolero "¡A por ellos!". Y más cuando se trata de un hombre que a sus cuarenta y pico reconoce que todavía mantiene cierto pavor sobre el escenario. Sin embargo, tiempo tendría el ex-091 para crecerse y acabar metiéndose en el bolsillo a toda la sala.
Durante las cerca de dos horas en las que se consumió el concierto, Lapido y los suyos fueron progresando en un crescendo que acabó arrebatando y arrastrando al público. Desde el inaugural "Está escrito en la ley" hasta la última interpretación, la noche disparó los termómetros de buen rock and roll y la gente, que empezó tan lejos del escenario como frío Lapido, acabó oliéndole los pies al de Granada. Si es que le huelen. Aunque el propio Lapido lo anunció y la serigrafía de la entrada le daba la razón, el concierto presentación de su nuevo disco se convirtió en un auténtico reencuentro con un público añejo. Los ladridos del perro fueron más mágicos que nunca y el concierto se convirtió en una auténtica reunión de perros que le aullaban a la romántica luna de Valencia; la luz de la ciudad, que hace pocas semanas ardía en llamas, languidecía ahora para que Lapido actuara en todo su esplendor. El granadino repasó todo el repertorio de 'En otro tiempo, en otro lugar", pero también tuvo riffs de sobra para 'Ladridos del perro mágico', 'Luz de ciudad en llamas' y 'Música celestial'. Un gran acierto.
Es difícil destacar algún momento de uno de los mejores shows que ha visto Valencia en los últimos años. Al menos en cuanto a rock nacional. Perdón, Rock And Roll. Uno sabe que "Más difícil todavía" no es una creación de sus Majestades Satánicas porque el acento granadino de Lapido le delata. El crescendo alcanzó su clímax con un alarde de rock y blues castizo que duró aproximadamente siete minutos, pero que perdurará por el resto de los días en el recuerdo del que firma estas líneas; las guitarras y el órgano de Raúl Bernal trasladaron al público a otro tiempo y a otro lugar a golpe de delirio y maestría rock. Al tiempo y al lugar donde todavía se parte de las buenas canciones para hacer rock and roll. texto y fotos por Jorge Salas |