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ALBERTUCHO - SALA EL LOCO, VALENCIA - 07/04/2006

            Habían pasado unos cuatros desde que Alberto Romero pisara por última vez Valencia, y precisamente el mismo escenario por el que ahora se movía como en casa. En aquella ocasión era algo más íntimo, un acústico que poco tendría que ver con lo que se desarrollaría en la noche del viernes. Con su jersey azul (en constante evolución hacia el azul oscuro a medida que pasaba el concierto), Albertucho debía ser la persona con más calor de toda la sala. Meditabundo, pensando en sus cosas y casi cegado por un foco que apenas le dejaba abrir los ojos, la melena con la que más tarde lucharía ahora era su salvadora.

            Con su flamante amplificador "Orange" presidiendo, Albertucho hacía acto de presencia el último, después de Melchor (percusión), Pedrote (batería), Juanma (bajo) y Tulo (guitarra eléctrica). Tras saludar, el sevillano se amarraba al micro y, guitarra en mano, arrancaba el encuentro con el público valenciano con "Alimaña pasajera", uno de los cortes con más fuerza de su segundo disco. Con una visión de veterano, Albertucho anunció que el concierto, presentación de su nuevo LP 'Lunas de mala lengua', sería un ir y venir del pasado al presente más reciente. A sus 23 años, el sevillano no posee de un repertorio tan excelso como para ofrecer demasiadas florituras. De hecho, la gente que poblaba la sala se sabía hasta el código de barras del 'Que se callen los profetas'. El primer disco de Albertucho fue un auténtico fenómeno y eso, junto a la proximidad del lanzamiento del segundo, hizo que la interpretación de las canciones añejas fueran las más celebradas. Por eso, en el segundo asalto ya había sonado una genial interpretación de "Frío" con un Juanma que se lucía al bajo y una revisión del clásico de David el gnomo que hacía al tema "siete veces más fuerte". Sin duda, este fue uno de los mejores momentos del concierto. Y no había hecho más que empezar.

            El swing de "Pelos de gato" (para el que la voz, rota no, desgarrada de Albertucho encaja a la perfección), la emocionante versión de la "Mañana desnuda" de Triana o las portentosas interpretaciones de "Mentira" o "Mi estrella" no hicieron más que adornar una velada increíble. Sin duda, más allá del apartado técnico y estrictamente musical del concierto, lo verdaderamente capital fue algo que no se podía tocar, ni medir, ni siquiera ver u oler. Bueno, quizá esto último sea algo discutible. El concierto olía a polen por todos los lados. Así, lo realmente importante de aquella noche de rock andaluz es la sensación de satisfacción con la que uno salía de la sala. Lo que quedará, más allá de los solos de Tulo, y más allá de que tocaran esta o aquella canción. El propio Albertucho lo reconoció in situ, sobre el escenario, mientras la sala entera palpitaba acelerada: "Estoy quedándome helado". El sevillano hizo suyo el escenario para, casi al instante, regalarlo a cada uno de los que aquella noche saltaba y gritaba en El Loco.

            Al final, después de un bis fugaz en el que cerraron con la segunda interpretación de la noche de "La persiana" (mucho más entregada por ambas partes que la primera), Albertucho y los suyos bajaron el telón del concierto de la mejor manera posible. Al extinguirse el foco, muy pocos siquiera se fueron de su sitio, como dando por supuesto que la sensación de euforia no iba a desaparecer salvo que se movieran. No se sabe cuánto tardará el de la voz de madera en volver a Valencia, pero lo que está claro es que todos los presentes en la noche del 7 recordarán aquello de "siempre la pena merece la pena".

texto y fotos por Jorge Salas